No existe una duración determinada para un procedimiento penal, ya que dependerá del tipo de delito, la complejidad del asunto y la carga de trabajo del juzgado. Existen procedimientos más rápidos, como los juicios por delitos leves o determinados juicios rápidos, que pueden resolverse en pocas semanas, mientras que otros asuntos pueden prolongarse durante meses o incluso años, especialmente si se interponen recursos.